miércoles, 12 de agosto de 2009

¿Que es la paz interior?




La paz interior es la tranquilidad espiritual, el aprender a sentir, y fluir, lo importante que es fluir, a veces no nos damos cuenta de lo importantisimo que es ser conscientes del aqui y del ahora, como diria la terapia gestaltica, y tambien eckhart tolle,cuando estamos en esa sintonia “alfa”, podemos aprender el ser mas concientes de la conexion cuerpo-mente, nos damos cuenta de lo importante que es tomar la vida con serenidad, de los mensajes que nuestro cuerpo nos manda.

La paz interior, es poder disfrutar de ese amanecer y sentirlo, de sentir una caricia, de poder sentir un abrazo, de poder sentir la brisa del mar en nuestro rostro, la paz interior, es el reconocer que somos, de reconocer nuestra esencia, nuestro ser interno, de poder sintonizarnos con el universo, ya que formamos parte de el como diria deepack chopra.


CARLOS GAVANCHO LIMA(Peru)

Amigos son los Amigos...Un bonito cuento de Paulo Coelho.



Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando
pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron
fulminados.

Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este
mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los
muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva
condición...)
La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso,
y ellos estaban sudados y sedientos.

En una curva del camino vieron un magnifico portal de mármol, que
conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro. El caminante se
dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el
siguiente diálogo:
- Buenos días.
- Buenos días - Respondió el guardián.
- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
- Esto es el Cielo.
- ¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
- Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián
señaló la fuente.
- Pero mi caballo y mi perro también tienen sed...
- Lo siento mucho - Dijo el guardián- pero aquí no se permite la
entrada a los animales.

El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed,
pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió
adelante.

Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los
tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una
puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles.

A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con ya
cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.

- Buenos días - dijo el caminante.
- El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
-Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.
- Hay una fuente entre aquellas rocas - dijo el hombre, indicando el lugar.
- Podéis beber toda el agua como queráis El hombre, el caballo y el
perro fueron a la fuente y calmaron su sed.


El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.

- Podéis volver siempre que queráis - Le respondió éste.
- A propósito ¿Cómo se llama este lugar?- preguntó el hombre.
- CIELO.
- ¿El Cielo? Pero si el guardián del portal de mármol me ha
dicho que aquello era el Cielo!
- Aquello no era el Cielo. Era el Infierno - contestó el guardián.

-

El caminante quedó perplejo.
- ¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! Esta
información falsa debe provocar grandes confusiones! - advirtió el
caminante.

- ¡De ninguna manera!-increpó el hombre - En realidad, nos hacen un gran
favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar
a sus mejores amigos...


(Paulo Coelho)

domingo, 9 de agosto de 2009

" Cuidar y Sanar las Emociones "



El ajetreo diario y las tensiones a las que nos vemos expuestos hacen mella en las emociones, que necesitan de nuestro cuidado para que podamos vivir con armonía y optimismo. Texto Francesc Miralles
La medicina occidental ha desarrollado sofisticadas terapias para sanar el cuerpo de los múltiples trastornos y altibajos a los que está expuesto. Al menos, en el Primer Mundo, cada vez vivimos más y mejor, lo que no significa necesariamente que seamos más felices. Como contrapartida, es justo cuando dejamos de ocuparnos de la supervivencia, cuando empiezan a surgir problemas de otra índole. Personas con buena salud que gozan de todas las comodidades se convierten en víctimas de la depresión, de la ansiedad o, simplemente, viven en una continua apatía que no les permite disfrutar de la vida. Y todo esto ocurre porque no han prestado atención a las emociones, que deben ser nutridas para que muestren su lado más radiante. Por esa razón, es importante construir un balneario emocional donde dar descanso y alimento a nuestro biosistema personal de la felicidad.
Lo que sentimos es la antesala de lo que hacemos. Así como detrás de cada acción hay un pensamiento, detrás de cada pensamiento hay una emoción. De hecho, el término “emoción” viene justamente de la voz latina “motere”, que significa “mover”. Sobre esto, Van Gogh decía: “Las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestra vida, y les obedecemos sin darnos cuenta.” Para cuidar de nuestra salud emocional, por lo tanto, hay que revisar de vez en cuando lo que mueve nuestro rumbo vital.

Modular los cambios

Más que ayudarnos a navegar por las tormentas, las emociones son las tormentas mismas, puesto que deciden el clima de nuestra travesía vital. Al igual que cada lugar en el mundo tiene una meteorología propia, toda persona pasa a lo largo de su vida, e incluso en un mismo día, por diferentes estados de ánimo. Nuestro clima interior es un delicado biosistema en el que, a veces, luce el sol, pero, otras, los problemas penden sobre nosotros como pesadas nubes. A los horizontes amplios y radiantes siguen las lluvias con las que nos deshacemos de viejas tristezas y limpiamos el cristal con el que miramos el mundo.
La naturaleza humana es dinámica y, sin embargo, vivimos lo que nos sucede como si fuera permanente. Cuando nos sentimos tristes, nos cuesta pensar que la tempestad acabará amainando. Del mismo modo, experimentamos los momentos de alegría como si los rayos de la felicidad no se fueran a apagar nunca.Para modular estos cambios que tanto nos afectan, pero que son necesarios y se complementan entre sí, podemos procurarnos un balneario emocional a través de herramientas como la meditación, el yoga, la lectura o la música bien elegida, ya que ésta conecta directamente con nuestras emociones.
El religioso norteamericano Fulton J. Sheen decía que “cada persona se hace su propio clima; determina el color del cielo en su universo emocional”. Ésa es la buena noticia. Sin embargo, para teñir nuestras emociones de tonos alegres, antes debemos entender a qué estímulos responden.

El barómetro emocional

Uno de los psicólogos que más se han ocupado de esta cuestión es el serbio V. J. Wukmir, quien en la década de 1960 definió la emoción como una respuesta sobre el grado favorable o desfavorable de una determinada situación. Si un estímulo parece favorecer la supervivencia, experimentaremos una emoción positiva. Si augura lo contrario, la emoción será negativa y nos pondremos a la defensiva. En ese sentido, nuestras emociones son un barómetro que nos prepara para lo que nos espera en el futuro inmediato.
Wukmir lo explica así: “Cuando entramos en una reunión, lo primero que hacemos es percibir a las personas que están en la sala y, casi simultáneamente, empezamos a experimentar nuevas emociones relacionadas con la nueva situación. Si lo que sentimos es positivo y agradable, significa que nuestro mecanismo emocional valora que la situación, lo que allí ocurre, es favorable para nuestra supervivencia –negocios, afecto, conocimientos, etc.–. Por el contrario, si nos sentimos mal –inquietos o forzados– significa que nuestro mecanismo emocional cree que la situación puede perjudicarnos.”
La emoción es un mecanismo fundamental que poseen todos los seres vivos para orientarse en su lucha por la supervivencia. El problema llega cuando nos equivocamos en nuestra valoración emocional. Así como hay barómetros mal calibrados, a menudo percibimos como amenazas estímulos que no representan ningún peligro para nosotros, o bien, valoramos positivamente hábitos o personas que nos están perjudicando. Cuando lo que sentimos no se corresponde con la situación real, podemos hablar de un desajuste emocional que requiere nuestra atención.

El gimnasio de los sentimientos

Desde que en el año 1995 el doctor en Psicología Daniel Goleman popularizara la “inteligencia emocional” como alternativa al coeficiente intelectual, esta habilidad es reconocida en todos los ámbitos de la actividad humana. Tanto si se trata de un test de capacitación laboral como de una evaluación clínica, la IE define las probabilidades de éxito y nuestro bienestar personal.
Este autor completa la idea de Wukmir sobre la emoción como profecía de lo que creemos que va a suceder: “Nuestra mente no está organizada como un ordenador que nos brinda una pulcra copia impresa de los argumentos racionales a favor y en contra de una determinada decisión basándose en todas las ocasiones anteriores en que hayamos tenido que afrontar una situación similar. En su lugar, la mente hace algo mucho más elegante: calibrar el poso emocional que han dejado las experiencias previas y darnos una respuesta en forma de presentimiento o de sensación visceral.”
Tal como hemos visto anteriormente, el problema surge cuando los presentimientos no parten de los estímulos externos, sino de prejuicios o distorsiones del propio observador. Un barómetro emocional mal calibrado, además de provocarnos sufrimiento, nos hace comportarnos de forma caprichosa o desproporcionada ante los demás, con lo que experimentamos un rechazo que minará aún más nuestra autoestima.
Del mismo modo que las personas con poca conciencia de su cuerpo tienden a maltratarlo y a sufrir más accidentes que el resto, un primer paso para tomar el control de nuestras emociones es reconocerlas. Según Goleman, las personas que no son conscientes de lo que sienten son “analfabetos emocionales”, es decir, no han aprendido a leer los mensajes que afloran de lo más profundo de la conciencia. “Para sensibilizarnos con el ruido subterráneo de estados de ánimo y emociones, es necesario hacer una pausa mental, algo que raramente nos permitimos. Nuestros sentimientos nos acompañan siempre, pero rara vez nos damos cuenta de ellos. Al contrario, solamente nos percatamos de ellos cuando se han desbordado (…). Es como si nuestras emociones tuvieran su propia agenda, pero nuestras agitadas vidas no les dejaran espacio ni tiempo libre y, en consecuencia, se vieran obligadas a llevar una existencia subterránea. Toda esa presión mental termina sofocando la voz interna que constituye la más segura brújula para navegar adecuadamente por el océano de la vida”, añade Goleman.
Por su parte, el especialista en motivación Greg Anderson se refiere en su libro Las 22 leyes del bienestar al error que supone pensar que nuestra felicidad depende sólo de comer de forma equilibrada y hacer ejercicio regularmente, aunque ambas actividades son necesarias. Dado que la alegría es la emoción más genuina del bienestar, debemos tonificarla en nuestro balneario interior con tres leyes no negociables:
1. La ley de la resistencia al estrés. Lo importante no es lo que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que nos pasa. Por lo tanto, una forma de cuidar nuestras emociones es no ceder al torbellino del estrés. Antes de que nuestro biosistema anímico nos pase factura, debemos detenernos y reajustar nuestro ritmo de vida.
2. La ley de la elección emocional. Si ser conscientes de nuestros sentimientos es una habilidad esencial para la vida, hay que promover aquellas situaciones y personas que generen en nuestro interior una respuesta emocional positiva. Cuando llegue el sentimiento negativo, entonces debemos reciclarlo en su vertiente útil y positiva.
3. La ley del desarrollo de la motivación. Cuidar las emociones depende también de que sepamos desarrollar adecuadamente nuestro talento. Las personas que invierten su energía en actividades que les aportan buenos resultados tienen una mayor autoestima y son más resistentes a los contratiempos.
A estas tres leyes para desatar la alegría y las emociones relacionadas, podríamos añadir una cuarta esbozada por André Gide. Se trata de que frecuentemente boicoteamos nuestro clima emocional comparándonos con otras personas. Pero, ¿qué sucede cuando la comparación se produce entre diferentes momentos de nuestra historia personal? Según el Nobel de Literatura francés: “Si de verdad quieres ser feliz, no caigas en la tentación de comparar este momento con otros momentos del pasado, los cuales no supiste disfrutar porque los comparabas con los momentos por venir.”
Así como alimentamos el cuerpo y acudimos al médico cada vez que nos duele algo, las emociones también exigen nuestros cuidados para desarrollarse de forma saludable.

Contagio emocional


Al igual que el peligro de nuevas pandemias, como los brotes de gripe de origen animal, preocupa a las autoridades sanitarias y desata medidas excepcionales, también en un nivel individual, cuando una persona cercana estornuda, nos cubrimos la boca para protegernos. Sin embargo, pocos son conscientes de que las emociones también son contagiosas y que, por lo tanto, en lo posible, debemos evitar el contacto con aquellas personas que son una fuente de energía negativa.
Ahondando en un concepto apuntado por Goleman, el experto en comunicación Ferran Ramon-Cortés afirma que “todos tenemos a nuestro alrededor gente que al poco de estar con ellos nos transmiten su energía y con quienes, sin saber muy bien por qué, nos sentimos bien. Pero también hay gente que, al relacionarnos con ellos y muy a nuestro pesar, nos deprimen, nos entristecen y nos consumen la energía que tenemos. Todo esto nos ocurre porque en nuestra relación con los demás, cada día y en cada ocasión, nos contagian sus emociones. Esto explicaría por qué a veces llegamos al final del día con un humor al que no sabemos dar explicación. Sin que haya sucedido nada especial, podemos sentirnos eufóricos y optimistas, o bien, apáticos y abatidos. Más allá de los logros y acontecimientos de la jornada, nuestro balance anímico dependerá de las emociones que hayamos intercambiado con los demás a lo largo del día.
En palabras de Ramon-Cortés, “tomar conciencia del contagio emocional puede dar un giro de 180 grados a nuestras relaciones y a nuestra vida. En primer lugar, porque podremos hasta cierto punto protegernos de los contagios nocivos de los otros; evitándolos o tomando distancia. Pero, sobre todo, porque tendremos la oportunidad de dejar de contagiar accidentalmente emociones negativas y elegir de forma consciente y deliberada lo que queremos contagiar. Todos preferimos relacionarnos con gente que nos carga las pilas más que con gente que nos consume energía. Elegir de forma consciente qué queremos contagiar nos ayudará a mantener mejores relaciones y nos hará tener mejores compañeros de viaje.”
Por lo tanto, no sólo debemos elegir personas emocionalmente saludables como compañeros de vida, sino que debemos ser conscientes de los sentimientos que contagiamos nosotros a los demás. Si, por ejemplo, nos embarga la ira, la envidia o la confusión, por respeto a la salud emocional de los demás es aconsejable guardar cama en el balneario interior –puede tratarse de media hora, hasta que pase la ofuscación– y reprender el intercambio con el mundo cuando tengamos algo positivo que ofrecer.
Dado que a menudo las emociones se expresan y contagian a través de las palabras, podemos aplicarnos una máxima de la sabiduría japonesa que, en casos de irritación, recomienda: “Lo que tengas que decir, dilo mañana”.
Crear un pequeño oasis cotidiano para compensar las tensiones que se acumulan en nuestro ecosistema emocional es, en ese sentido, una medida terapéutica altamente efectiva. Una hora diaria dedicada a nutrir el alma a través de la lectura, la música, o bien, su complemento –el silencio–, nos permite recargar las baterías. Y lo mismo ocurre con la pintura.
Cenar nuestro plato predilecto, ver una película que nos haga llorar… Cada persona debe explorar los ingredientes más adecuados para su propio masaje interior, ya que todos los hábitos que nos conectan con lo más puro y espontáneo de nosotros son bienvenidos en el balneario emocional.
También en nuestras relaciones con los que nos rodean podemos procurarnos vitaminas emocionales a través de conversaciones agradables, de la complicidad y del buen humor, pero para ello, antes debemos cultivar y nutrir individualmente las emociones que son los pilares de nuestro bienestar.

Las nueve grandes emociones

Los especialistas han clasificado las emociones humanas en nueve grandes categorías. Cuatro de ellas son el placer, la sorpresa, el amor y la alegría. Las otras cinco son de signo negativo:
MIEDO: Esta alarma emocional nos pone en guardia frente a un peligro real o imaginario. Al sentirnos amenazados, se disparan la ansiedad y los pensamientos catastrofistas. Si nos dejamos condicionar por esta emoción, puede derivar en una fobia paralizante.
Remedio: las terapias conductistas hacen hincapié en no rehuir las situaciones que desatan el miedo, ya que con eso solamente logramos reforzarlo. Para superarlo, lo mejor es exponernos progresivamente a aquello que tememos. De esta forma, la huella negativa irá quedando cubierta por otras positivas.
RECHAZO: Es una emoción defensiva que hace que nos blindemos ante la persona o la situación que nos produce aversión. Cuando nos sentimos así, levantamos un muro entre nosotros y los demás.
Remedio: deberíamos comprobar si esta reacción responde a causas objetivas o está motivada por algún prejuicio. En este último caso, hay que analizar por qué nos sentimos así. El antídoto contra el rechazo patológico al mundo exterior es la empatía: ponernos en el lugar de los demás y entender la situación desde otros puntos de vista.
VERGÜENZA: Experimentamos esta emoción cuando nos sentimos vulnerables ante los demás. Lleva implícito un sentimiento de culpabilidad motivado por la baja autoestima. Tenemos miedo de no ser aceptados por los otros, de no estar a la altura de sus expectativas.
Remedio: para desactivar esta emoción, hay que dejar de conceder tanta importancia a lo que los demás piensen de nosotros. Un buen ejercicio para vencer la vergüenza es apuntarse a un grupo de teatro de aficionados o –para los más tímidos– formar parte de un coro. Cualquier actividad que nos exponga a la mirada del público es sanadora.
IRA: Esta emoción se desata cuando no somos capaces de afrontar un conflicto o cuando nos sentimos frustrados ante nuestra falta de recursos para solucionar un problema. La ira siempre es un escape, una puerta trasera por la que huir cuando fracasamos.
Remedio: el primer requisito para desactivar la ira es reconocerla. Cuando somos conscientes de que hemos perdido el control y nos hacemos daño a nosotros mismos y a otras personas, esta emoción negativa se puede revertir en reflexión y diálogo para resolver el conflicto.
TRISTEZA: Es muy compleja y puede obedecer a causas muy diversas. Si acabamos de vivir una experiencia traumática, como, por ejemplo, una pérdida personal, es necesaria y natural. Sin embargo, a veces tiene su origen en nuestro pesimismo o en la autocompasión. Hay que tener cuidado porque si la alimentamos, puede derivar en una depresión.
Remedio: además de compensarla con actividades que provoquen la emoción contraria –esto es, la alegría—, la tristeza se puede rebajar tomando conciencia de que es algo temporal. De hecho, el esfuerzo por ser permanentemente felices puede acabar desembocando en la desesperación. Por lo tanto, si aceptamos los vaivenes de la vida con naturalidad, sin aferrarnos a la emoción del momento, lograremos una mayor armonía.
Uno de los mejores antídotos contra la tristeza es, sin duda, desarrollar el sentido del humor, ya que éste procura una distancia entre nosotros mismos y la situación, por complicada que sea, que estamos viviendo. n

Diccionario de ecología emocional

Jaume Soler y M. Mercè Conangla han acuñado, en la obra del mismo título, el término de «ecología emocional» para definir el arte de gestionar nuestras emociones para nuestro bienestar y crecimiento.
Abono emocional: Lo constituyen las vitaminas anímicas que nos ayudan a vivir: felicitaciones, sonrisas, abrazos…
Agujero en la capa de ozono: Se produce cuando recibimos estímulos para los que no tenemos protección o filtro, como las críticas o también nuestra propia susceptibilidad.
Biodegradable: Emociones negativas que debemos permitir que cambien, evolucionen o desaparezcan.
Cartografía emocional: Información afectiva que nos señala las zonas peligrosas, las rutas adecuadas o las gratificaciones.
Contaminación: La constituyen los afectos en mal estado, como la irritación, el enojo, el desánimo o el rencor. Son contagiosas y afectan a otras personas.
Conservas emocionales: Situaciones agradables que podemos retener para evocarlas en situaciones difíciles.
Desierto: Momento emocional en el que nos sentimos en tierra yerma, solos y sin recursos para cambiar la situación.
Lluvia ácida: Partículas tóxicas que acaban creando un efecto invernadero en nuestra vida interior. Lo forman el mal humor, la agresividad, la envidia…
Energía emocional: Es el combustible que nos ayuda a vivir, como la motivación, la alegría, el amor o la ternura.
Reciclaje: Todo sentimiento puede ser reutilizado de forma beneficiosa. Los celos nos señalan aspectos que podemos mejorar, la ira puede virar en energía positiva y la envidia, en colaboración con los otros.
Reservas emocionales: Son los espacios de intimidad que debemos reservar, ya que son indispensables para que disfrutemos de una mejor calidad de vida.

Alimentos para equilibrar la mente
En su libro La cocina de la felicidad (Ed. Urano), la experta en nutrición Adriana Ortemberg analiza cómo lo que comemos habla de nuestras emociones y cómo los mismos alimentos nos sirven para recobrar el equilibrio perdido. “Mientras en la dietética clásica –apunta la autora–, el interés se fija, sobre todo, en la provisión de calorías y nutrientes; en las corrientes orientales lo que comemos es indivisible de la energía que se genera en nuestro organismo.”
De igual manera, la medicina tradicional china señala una correspondencia entre las preferencias y los rechazos por ciertos sabores y la vitalidad de los órganos o los estados emocionales. A través de esta óptica podemos saber qué nos conviene en ciertos momentos de desequilibrio. Así, por ejemplo, si hay deseos de dulce, es que tenemos un bazo debilitado, lo que se corresponde con estados de preocupación, ansiedad o depresión. El consejo no es tomar azúcar, sino otro tipo de dulces, como manzanas, arroz o legumbres. El sabor salado se corresponde con el riñón y la vejiga, y los miedos a nivel emocional, de ahí que algunos temores puedan ocultar problemas renales.
Lo ácido tiene que ver con el hígado y la vesícula y con el carácter irascible. En este caso, se dice que hay un exceso de calor en esos órganos y que se deberá refrescar con alimentos que tonifiquen la energía yin, como los cítricos y las peras.
Lo amargo es alimento para el hígado, pero a nivel energético es un sabor que estimula el corazón y el intestino delgado y se relaciona con la alegría y el amor.
Por último, lo picante se vincula con el pulmón y el intestino grueso, y con la tristeza en lo emocional. Ante un estado de melancolía, se puede añadir a la comida un poco de guindilla, nuez moscada, mostaza, ajo o berros, pero sin pasarse.

Etiquetas: ansiedad, crecimiento, depresion, emocional, emociones, inteligencia, personal

Publicado por violeta en Alta EDUCACION - Educación de Alta Conciencia

martes, 4 de agosto de 2009

Video sobre los efectos secundarios graves y la mentira informativa peligrosa de la vacuna de la gripe A

No dice nada que no haya averiguado de otros medicamentos o vacunas, como que en realidad las empresas farmaceuticas y los medicos se basan en la provocación de miedo para que sigamos siendo dependientes a riesgo de perder nuestra verdadera salud.

Lo que ocurre es que este video en concreto esta muy bien documentado y muy bien montado con muchas referencias que se pueden comprobar.

Por ello os lo envio

Un saludo.


Muy importante. Los efectos secundarios graves de la vacuna. Y toda la manipulación masiva sobre el pánico a una de las enfermedades que mata un 99% menos que la gripre común, pero que la gente esta empezandoa tmer más que al Sida.
Este vídeo sobre la pandemia os aclarará un poco más la situación. En España ya están contando la obligatoriedad de la vacunación en escuelas, hospitales, etc


Aqui teneis el enlace.
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lunes, 3 de agosto de 2009

Vivir un mundo libre y saludable



La energía que mueve el mundo conduce a las personas a la libertad y a la realización cuando son capaces de amarse a sí mismas y a los demás sin esperar nada a cambio. Por Francesc Miralles.

En su libro Martes con mi viejo profesor, el periodista Mitch Albom cuenta lo que le sucedió en uno de los momentos de mayor confusión de su vida. Aupado en la cima del éxito, tenía la impresión de haber perdido el control sobre su existencia, cuando contactó casualmente con un viejo profesor de universidad, Morrie Schwartz, que le dio las lecciones finales en la antesala de la muerte. Hasta el último suspiro, alumno y maestro se reunieron cada martes para debatir sobre qué es lo que cuenta al final de todo. Estas lecciones llenas de sentido común y humanidad tuvieron como protagonista el amor. En opinión del viejo profesor, la mayoría de personas consumen la vida tratando de engullir algo nuevo: un juguete, un coche, una propiedad inmobiliaria… Pero nunca están satisfechas. Según el profesor, “estas personas tenían tanta hambre de amor que aceptaban sucedáneos. Abrazaban cosas materiales y esperaban que éstas les devolvieran el abrazo de alguna manera. Pero eso no da resultado nunca. Las cosas materiales no pueden servir de sucedáneo del amor, ni de la delicadeza, ni de la ternura, ni del sentimiento de camaradería.”
En sus últimos compases, Morrie Schwartz había comprendido que el dinero, el poder o el éxito nunca pueden sustituir al amor. Pero ¿qué es esa energía que hace mover el mundo?

El mito de la media naranja

Uno de los primeros pensadores que hablaron largamente sobre el amor fue Platón. En El banquete, llega a afirmar que es una energía tan poderosa que un ejército de amantes jamás podría ser vencido, ya que “no hay hombre tan cobarde a quien el amor no haga valiente y transforme en héroe”. Este diálogo se desarrolla durante un banquete –de ahí el nombre de la obra–, en el que los invitados inician una larga conversación sobre la naturaleza del amor, dando cada cual su visión del tema. Es, precisamente, en uno de esos discursos donde aparece por primera vez la expresión “encontrar la media naranja”, actualmente cuestionada por muchos psicólogos de pareja por considerar que todo ser humano es una naranja entera y no debe esperar a nadie para sentirse completo y realizado.
La fábula, contada por Aristófanes, explica que primitivamente existían tres razas humanas: los integrantes de una eran totalmente hombres; los de otra, mujeres, y la tercera, mitad hombres y mitad mujeres. Esta última especie eran los andróginos, inferior en todo a las otras dos. Los andróginos estaban unidos por el ombligo y tenían cuatro brazos, cuatro piernas y dos rostros en una misma cabeza, opuestos el uno al otro. Los dos seres unidos, al sentir amor entre sí, tenían hijos dejando caer la semilla a la tierra, como las cigarras. Además, era una raza fuerte y orgullosa, hasta el punto de que se atrevieron escalar el cielo para desafiar a la divinidad.
Para castigarles y restarles fuerza, Zeus los dividió en dos personas y encargó a Apolo la curación de la herida. Desde entonces, esas mitades se buscan y, cuando se encuentran, se abrazan para recuperar la unidad que tuvieron en el pasado.
El mito del amor romántico, ilustrado por Goethe en Las desventuras del joven Werther, bebe de esta antigua concepción de que al individuo le falta algo para sentirse completo y feliz. El desamor que sufre el protagonista por parte de su anhelada Lotte le lleva a quitarse la vida, actitud que fue emulada por muchos jóvenes de aquella época.
Todavía en la actualidad muchas personas contemplan el amor como el parche para una carencia existencial, lo que les lleva a crear relaciones de dependencia y a fracasar repetidamente.
cómo llegar a ser amado.

Tal vez el ensayo moderno más leído sobre el sentimiento que nos hace humanos sea El arte de amar, de Erich Fromm, publicado por primera vez en 1956. En esta obra, el psicólogo y humanista alemán se pregunta si amar es un arte que puede ser aprendido, como lo son otras capacidades humanas. El inconveniente es que el aprendizaje de este arte choca con algunos prejuicios y errores de base que impiden que incorporemos el amor de forma saludable a nuestra vida.
Fromm argumenta que “para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste principalmente en ser amado más que en el hecho de amar, a la propia capacidad de amar. De ahí que el problema para ellos sea el hecho de conseguir ser amados, de ser dignos del amor. Para lograr este objetivo, siguen varios caminos. Uno de ellos, utilizado principalmente por los hombres, consiste en tener éxito, ser poderoso y rico, tanto como lo permita el margen social de su posición. El otro, usado especialmente por las mujeres, consiste en ser atractivo mediante el cuidado del cuerpo, de la ropa, etc. Pero hay otras formas de ser atractivo, empleadas tanto por hombres como por mujeres, como son las maneras agradables, la conversación interesante, ser útil, modesto, inofensivo…”
Otra de las dificultades que señala Fromm es que una persona sólo puede amar a otra si se conoce a sí misma y respeta su propia individualidad, ya que entonces estará preparada para comprender y respetar la de su pareja. Sin embargo, nuestro ritmo frenético de vida no nos permite conocernos, lo que dificulta un intercambio nutritivo con los demás. Por eso, ante la imposibilidad de conocer al otro, muchas personas tratan de moldear a su compañero según la imagen ideal que tienen de lo que debería ser el amor, lo cual sólo provoca su destrucción.
Fromm recurre al maestro Eckhart para definir el remedio universal contra todos estos males: “Si amas a todos los demás como a ti mismo, no lograrás realmente amarte, pero si amas a todos por igual, incluyéndote a ti, los amarás como a una sola persona.”
En sus conclusiones, este autor afirma que los ingredientes del amor maduro son el cuidado, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento, tanto de uno mismo, como de los demás.

El valor de la paciencia

Justamente la responsabilidad es el talón de Aquiles de nuestra época, dominada por la búsqueda de satisfacciones inmediatas. La cultura del consumo sitúa el deseo fugaz como centro de nuestro sistema económico; tal vez por eso la paciencia es un valor en peligro de extinción.
Dos generaciones atrás, aunque las parejas estuvieran condicionadas por un rígido sistema moral, aplicaban la paciencia a un mal día o incluso a una temporada de menor entendimiento. Luego, en muchos casos, se reconducía la relación, que incluso salía fortalecida. Hoy en día, en cambio, parece que los sentimientos se han vuelto extremadamente volátiles. Un par de malentendidos o unas cuantas discusiones pueden acabar, en muchos casos, con la unión más sólida. En este sentido, la enorme oferta de relaciones en intenet contribuye a la dispersión. El amor se presenta como un producto de consumo y, si uno no está satisfecho con el que tiene en casa, simplemente puede adquirir otro fuera de ella.
Nada de esto ayuda a profundizar en el amor ni a construir lazos fuertes a partir de la responsabilidad, un valor muy bien expresado en un célebre pasaje de El principito, de Saint-Exupéry:
“Adiós –dijo el zorro–. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
–Lo esencial es invisible a los ojos– repitió el principito, a fin de acordarse.
–El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
–El tiempo que perdí por mi rosa…– dijo el principito, a fin de acordarse.
Los hombres han olvidado esta verdad –dijo el zorro–. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa.”

Darse libremente

Cuando se establece un vínculo fuerte entre dos personas, siempre existe el riesgo de que este lazo se convierta en una cadena hiriente. El amor mal entendido puede traducirse en celos, deseo de control y violencia psicológica o incluso física. El agresor ve a su víctima como parte de su propiedad y, ante el riesgo de perderla –como si le arrebataran esa mitad que tanto le ha costado conseguir– recurre a métodos de intimidación. Contra esta plaga que asola las páginas de sucesos de los periódicos, Jiddu Krish-namurti razona así:
“Libertad y amor van juntos. Amor no es reacción; si te amo porque me amas, se trata de un mero comercio, algo que puede comprarse en el mercado. Amar no es pedir nada a cambio, ni siquiera sentir que se está dando algo; y sólo un amor así puede conocer la libertad. (…) Debemos descubrir por nosotros mismos lo que significa amar, porque si no amamos, nunca podremos ser solícitos y atentos; nunca podremos ser considerados. ¿Qué significa ser considerado? Cuando ves una piedra afilada en un camino frecuentado por peatones descalzos, la retiras no porque te lo pidan, sino porque sientes por otro; no importa quién es y nunca lo conocerás. Plantar un árbol y cuidarlo, mirar el río y disfrutar la plenitud de la tierra… Para todo ello se requiere libertad, y para ser libre debes amar.”

Este pensador indio argumenta que el malentendido surge cuando se vincula el amor entre dos personas al sexo y al placer, cuando comparamos unas personas con otras y nos valemos de la autocompasión al creer que somos tratados injustamente. El néctar del corazón es, afirma Krishnamurti, darse con los ojos cerrados sin pedir nada a cambio y con compasión, lo cual implica “pasión por todo”. Nada queda excluido cuando entendemos que todo es valioso y digno de nuestro amor.
En el preciso momento en que queremos canalizar el amor en una determinada dirección, o bien juzgarlo de alguna manera, lo enturbiamos con una idea preconcebida de lo que debería ser. En sus propias palabras: “Dividir cualquier cosa entre lo que debería ser y lo que es resulta el modo más engañoso de habérselas con la vida”.
Tal vez amar sea sólo, al fin y al cabo, deshacernos de todas las cadenas que nos impiden entregarnos a la experiencia de vivir sin condiciones, amando cada cosa, momento y persona por lo que es, no por lo que creemos que debería ser.
Gracias a Violeta de http://altaeducacion.ning.com/

domingo, 26 de julio de 2009

Vivirdeprisanoesvivir



“Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir.
Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo,
pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.”

“Hoy todo el mundo sufre la ENFERMEDAD DEL TIEMPO:
la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja y
debes pedalear cada vez más rápido”

“La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu
cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes…
Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones,
de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo
y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos
qué es lo realmente importante.”

“La lentitud nos permite ser más creativos en el trabajo,
tener más salud y poder conectarnos con el placer y los otros”

“A menudo, TRABAJAR MENOS significa trabajar mejor.
Pero más allá del gran debate sobre la productividad
se encuentra la pregunta probablemente más importante de todas:
¿PARA QUÉ ES LA VIDA?

“Hay que plantearse muy seriamente
A QUÉ DEDICAMOS NUESTRO TIEMPO.
Nadie en su lecho de muerte piensa: “Ojalá que hubiera pasado más
tiempo en la oficina o viendo la tele”, y, sin embargo, son las cosas
que más tiempo consumen en la vida de la gente.”

Nos prometieron que la tecnología trabajaría por nosotros y que seríamos más felices, pero hay estadísticas que demuestran que trabajamos 200 horas más al año que en 1970 y la insatisfacción vital y la velocidad definen nuestro tiempo.

Carl Honore, el guru anti-prisa y autor del éxito mundial “Elogio de la lentitud” de RBA, nos ofrece en su libro y en esta entrevista una excelente radiografía de los males de nuestra sociedad y el remedio para sanarla: la FILOSOFÍA SLOW, simplemente reducir la marcha y buscar el tiempo justo para cada cosa.


En este enlace podreis ver una pequeña entrevista
http://www.youtube.com/watch?v=1Rn1YR6HWDY&eurl=http%3A%2F%2Faltaeducacion%2Ening%2Ecom%2Fgroup%2Flibrospdf%2Fforum%2Ftopic%2Fshow%3Fid%3D2292074%253ATopic%253A77593%26xgs%3D1&feature=player_embedded

En este vídeo Carl Honoré afirma que no estamos ante una moda de ejecutivos estresados o de clases acomodadas, sino que es un cambio histórico que no entiende de fronteras ni diferencias sociales y económicas.

Lo mismo que defendemos el decrecimiento económico porque el nivel de consumo actual es insostenible en un planeta finito y sólo genera injusticias y degradación del medio ambiente, debemos aplicar los mismos principios en las personas. DECRECER EL RITMO DE VIDA para no degradarmos nosotros mismos.

La hiperactividad actual nos lleva a vivir por inercia, dedicando toda nuestra energía a metas externas que se oxidan con el paso del tiempo y olvidando las cosas importantes de la vida.

Somos esclavos de los horarios, del ruido, del consumo, de la hipoteca y de lo que se espera de nosotros, y eso equivale simplemente a sobrevivir pero no a vivir consciente y responsablemente.

Leer a Honoré es como respirar aire fresco.

Su filosofía actualiza los conceptos clásicos de cualquier tradición espiritual sobre la importancia del ser en vez del tener y del aquí y ahora, pero él, además, tiene el mérito de haber popularizado y teorizado con rigor sobre le vida slow y la LENTITUD que se consideraban “cosas de vagos”.

Carl Honoré denuncia la cultura de la prisa y sus consecuencias, la falta de paciencia, la hiperestimulación, la superficialidad, la multitarea (”abarcar mucho y apretar poco” ), y defiende la lentitud, saborear los momentos y sobre todo, priorizar en la vida.

“Lo que denuncio no es la rapidez en si misma, sino que vivimos siempre en el carril rápido y hemos creado una cultura de la prisa donde buscamos hacer cada vez más cosas con cada vez menos tiempo, que hemos generado una especie de DICTADURA SOCIAL que no deja espacio para la pausa, para el silencio, para todas esas cosas que parecen poco productivas. Un mundo tan impaciente y tan frenético que hasta la lentitud la queremos en el acto.”

“La velocidad en si misma no es mala. Lo que es terrible es poner la velocidad, la prisa en un pedestal…Al principio era sólo el terreno laboral pero ahora ha contaminado todas las esferas de nuestras vidas, como si fuera un virus: nuestra forma de comer, de educar a los hijos, las relaciones, el sexo… hasta aceleramos el ocio. Vivimos en una sociedad en que nos enorgullecemos de llenar nuestras agendas hasta límites explosivos”



Tengo 37 años. Nací en Edimburgo, vivo en Londres y fui criado en Canadá. Estoy casado y tengo dos hijos de seis y tres años. Soy licenciado en Historia Moderna. Ejerzo de periodista, he trabajado para ‘The Globe and Mauil’, ‘Nacional Post’, ‘The Guardian ’ y ‘The Economist’. Soy de centroizquierda. Creo que hay algo más allá del hombre y de la experiencia que tenemos en esta vida. Acabo de publicar en España ‘Elogio de la lentitud’ (RBA), que se ha traducido ya a 15 idiomas.

No es necesario que salgas de tu cuarto. Quédate sentado a tu mesa y escucha…”
“…No escuches siquiera, limítate a esperar. No esperes siquiera, permanece inmóvil y solitario. El mundo se te ofrecerá libremente para que lo desenmascares. No tiene elección. Girará arrobado a tus pies”. Así expresó Franz Kafka lo que ya había dicho Platón, que la forma superior del ocio era permanecer inmóvil y receptivo al mundo.

¿Nada más lejos de nuestros conceptos actuales?

Estamos atrapados en la cultura de la prisa y de la falta de paciencia. Vivimos en un estado constante de hiperestimulación e hiperactividad que nos resta capacidad de gozo, de disfrutar de la vida, de acceder al placer que uno puede hallar en su trabajo, en las relaciones humanas o en la comida.

Entonces, ¿nos hemos quedado sin placeres cotidianos?

Somos muy superficiales, no profundizamos en esas cosas, si no le aseguro que cada mediodía nos buscaríamos una agradable terraza en la que comer al sol o un restaurante que nos ofrezca nuestra comida casera preferida. Pero optamos por alimentarnos sin disfrutar ¡porque tenemos mucho trabajo! El consumo de drogas en las empresas estadounidenses ha aumentado un 70% desde 1998, estimulantes para rendir más y más.

¿Y cree entonces que la lentitud es la solución?

La lentitud nos devuelve una tranquilidad y un ritmo pausado que nos permite ser más creativos en el trabajo, tener más salud y poder conectarnos con el placer y con los otros. Hay que reaprender el arte de gozar si queremos ser felices.

“Quien se interesa exclusivamente por la búsqueda del bienestar mundano -decía Tocqueville - siempre tiene prisa, pues sólo “dispone de un tiempo limitado para asirlo y disfrutarlo”.
Tratamos de amontonar tanto consumo y tantas experiencias como nos sea posible. No sólo deseamos una buena profesión, sino también seguir cursos de arte, ejercitarnos en el gimnasio, leer todos los libros de las listas de los más vendidos, salir a cenar con los amigos, ir al cine, comprar los adminículos de moda, tener una satisfactoria vida sexual…

¿Y le parece mal?

El resultado es una corrosiva desconexión entre lo que queremos de la vida y lo que, de una manera realista, podemos tener, lo cual alimenta la sensación de que nunca hay tiempo suficiente.

La rapidez, ¿produce rabia?

Es una de las consecuencias de vivir acelerado. La rabia flota en la atmósfera: rabia por la congestión de los aeropuertos, por las esperas, por las aglomeraciones en los centros de compras, por las relaciones personales, por la situación en el puesto de trabajo, por los tropiezos en las vacaciones. Todo objeto inanimado o ser viviente que se interpone en nuestro camino, que nos impide hacer exactamente lo que queremos hacer cuando lo queremos hacer, se convierte en nuestro enemigo. Hemos perdido la capacidad de esperar. La cultura de la gratificación instantánea es muy peligrosa.

¿Cuándo nació la enfermedad del tiempo?

El término lo acuñó un médico estadounidense en 1982, Larry Dossey, para denominar la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo. Hoy, todo el mundo sufre esa enfermedad.

La rapidez es dinero
Estamos pasando de un mundo donde el grande se comía al chico a otro donde el rápido se come al lento, dijo Klaus Schwab, presidente y fundador del Foro Económico Mundial. La importancia de la rapidez en la vida económica es infernal hoy día y eso no lo podemos cambiar, pero sin equilibrio no podremos sobrevivir mucho tiempo.

Sí, pero los rápidos son más productivos.
Los expertos coinciden en que el exceso de trabajo acaba por ser contraproducente. Según la Organización Internacional del Trabajo, los británicos pasan más tiempo en el trabajo que la mayoría de los europeos y, sin embargo, tienen una de las tasas de productividad por hora más bajas del continente. A menudo, TRABAJAR MENOS SIGNIFICA TRABAJAR MEJOR. Pero más allá del gran debate sobre la productividad se encuentra la pregunta probablemente más importante de todas: ¿para qué es la vida?

Algún día nos cansaremos de vivir en la oficina.
En un estudio reciente llevado a cabo por economistas en la Universidad de Warwick y el Dartmouuth College, el 70% de las personas encuestadas en 27 países expresó su deseo de un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida privada. Los directores de personal del mundo industrializado informan que los aspirantes jóvenes han empezado a formular preguntas que habrían sido impensables hace 10 o 15 a ños: ” ¿Puedo salir de la oficina a una hora razonable por la tarde?”

Los grandes hombres siempre han dedicado tiempo a pensar en las musarañas.
Un reciente estudio de la NASA ha revelado que mantener los ojos cerrados durante 24 minutos obra maravillas en la atención y el rendimiento de un piloto. Y sí, muchos de los personajes históricos más vigorosos y triunfadores han sido inveterados partidarios de la siesta: John F. Kennedy, Thomas Edison, Napoleón Bonaparte, John Rockefeller, Johannes Brahms…

Pero los intelectuales y los pseudointelectuales de hoy día tienen respuestas inmediatas para todo.
En vez de pensar en profundidad, ahora gravitamos de manera instintiva hacia el sonido más cercano. Las mentes mediáticas a las que hoy escuchamos realizan análisis inmediatos de los
acontecimientos en el mismo momento en que se producen, y con frecuencia se equivocan, pero eso apenas importa: en el país de la velocidad, el hombre que tiene la respuesta inmediata es el rey. Pero ya Gandhi decía que en la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad.

Puede que la rapidez sea nuestra manera de evadirnos.
La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes. La gente tiene miedo a abrazar la lentitud, existe un prejuicio muy arraigado. Lento es sinónimo de torpe, lerdo, perezoso. Pero creo que hay mucha gente en un brete, porque por un lado le parece obvio que debe cambiar su ritmo y, por el otro, la sociedad le manda un bombardeo de mensajes que aseveran que la velocidad es Dios.

¿Qué mundo se descubre con la lentitud?

Según mi experiencia hay un antes y un después. Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida. La mejor forma de aprovechar el tiempo no es hacer la máxima cantidad de cosas en el mínimo tiempo, sino buscar el ritmo adecuado a cada cosa. Hay que plantearse muy seriamente a qué dedicamos el tiempo. Nadie en su lecho de muerte piensa: “Ojalá que hubiera pasado más tiempo en la oficina o viendo la tele”, y, sin embargo, son las cosas que más tiempo consumen en la vida de la gente.

¿Hemos pervertido el concepto de ocio?

La filosofía del trabajo la aplicamos en el ocio, que se vuelve una obligación, y caemos en la trampa de hacer demasiado. Hay que reintroducir la idea del juego tanto en el trabajo como en el ocio.

Los esquimales llaman a hacer el amor “reír juntos”.
El sexo en nuestra sociedad está tan contagiado de la enfermedad de la prisa como todo lo demás, pero en este caso perdemos muchísimo. Disfrutar de una buena relación íntima va mucho más allá de la duración del orgasmo, significa darle otro nivel de profundidad; el vínculo psicológico o la comunicación espiritual es el mayor de los placeres, pero requiere tiempo antes, durante y después. Cada vez más gente en Estados Unidos decide, como el cantante Sting, aprender el sexo tántrico.

De las filosofías que explican el tiempo, ¿cuál prefiere?

Las tradiciones filosóficas para las que EL TIEMPO ES CÍCLICO, como la china, la hindú o la budista. Según estas culturas, el tiempo nos rodea, renovándose, como el aire que respiramos. Pero en la tradición occidental el tiempo es lineal, un recurso finito. Los monjes benedictinos, que se regían por un horario muy apretado, creían que el diablo buscaba trabajo en las manos ociosas.

¿Cómo educar a un niño a un buen ritmo?

A cada vez más padres el instinto les dice que la escuela no es el mejor lugar para educar a sus hijos. Actualmente, más de un millón de jóvenes estadounidenses están siendo ESCOLARIZADOS EN CASA, 90.000 en Gran Bretaña, 30.000 en Australia y 80.000 en Nueva Zelanda. Es una manera de liberar al niño de la tiranía del horario, de dejarles aprender y vivir a su ritmo. Es decir, permitirles ser lentos.

¿Con buenos resultados?

Las investigaciones demuestran que los niños educados en casa aprenden más rápido y mejor que los alumnos en aulas convencionales. Y también se ha comprobado que tienen mucho éxito en sus estudios superiores. El temor de que su relación social no sea buena en el futuro también es infundado. Los padres que educan a sus hijos en casa establecen contacto con otras familias para compartir la enseñanza, juegos y viajes de estudio. Como avanzan con más rapidez, estos niños disponen de más tiempo libre para afiliarse a clubs.

Para ellos puede que el peligro sea la televisión.
Ese es un peligro universal. Cada vez más especialistas relacionan la televisión con el déficit de atención. La extrema velocidad visual de la pequeña pantalla ejerce con toda certeza un efecto en los cerebros juveniles. Un vídeo de Pokémon lleno de luces destellante que emitió la televisión japonesa en 1997 causó ataques epilépticos a casi 700 niños. Para protegerse de las demandas, las empresas de software adjuntan a sus juegos advertencias sobre los riegos para la salud que conllevan. En general, creemos que la televisión nos relaja y no es cierto. De media, EN ESPAÑA SE PASAN CUATRO HORAS DIARIAS FRENTE AL TELEVISOR. La tele se ha vuelto el agujero negro del tiempo en la vida moderna, chupa todo el tiempo de ocio y nos deja cansados, hiperestimulados y pobres de tiempo.

Quizá la velocidad sea una manera del propio sistema para tenernos controlados.
Creo que el capitalismo es un sistema muy flexible y que se puede adaptar, aunque el movimiento en defensa de la lentitud implique un cambio cultural muy profundo. Pero cada vez hay más gente que defiende la lentitud, llegar a una masa crítica es cuestión de tiempo.

¿Cuál es el primer paso?

Aceptar que uno vive mejor cuando hace menos. Mirar la agenda y colocar todo lo que hacemos durante la semana en ORDEN DE PRIORIDAD y empezar a cortar desde abajo, lo que no resulta nada difícil, porque llenamos nuestro tiempo de cosas que no son esenciales, lo hacemos por reflejo, porque eso es lo que se hace. El segundo paso es seleccionar los programas de televisión que nos interesan y no encenderla por costumbre. Así le podrá dar más tiempo a las cosas importantes: la comida, las relaciones, el sexo, lo lúdico y la calidad de trabajo.

¿No tiene la sensación que haciendo menos la vida se reduce?

Ese es el miedo, pero la realidad es la contraria: al no estar atrapado en la telaraña de compromisos las cosas empiezan a ocurrir casi de forma sorprendente e inesperada.

Sitio oficial: Carl Honoré
Extraido de Alta Educacion,publicado por mi amiga violeta.

martes, 21 de julio de 2009

Enseñanza

Joan Molleric
La enseñanssa dels fets realitzats ajuda a refexionar i educara el comportament posterior. (Extracto de una pelicula,us la recomano) La enseñanza de los hechos ayuda a reflexionar i educara el comportamiento posterior. ( Extracto de una pelicula)os la recomiendo http://www.youtube.com/watch?v=av33nO15TYo&eurl=http%3A%2F%2Fwww%2Egoogle%2Ees%2Freader%2Fview%2F%3Ftab%3Dmy&feature=player_embedded